Nos levantamos bien tempranito, pues nos esperaban dos horas de viaje hasta nuestro objetivo: la capital inglesa. Sesión de duchas tras el desayuno, y preparación para un intenso día de visita.
Cuando llegamos al coche nos encontramos con un importante problema: el hielo de los cristales nos permitía ver nada fuera del Peugeot. Un hombre que quería aparcar en nuestro sitio sacó su espátula, objeto muy útil para los coches aquí, y nos limpió el parabrisas delantero para que pudiésemos emprender la marcha.
Carreteras estrechas, como comarcales españolas, a la salida de Bath desembarcaron en una inmensa autovía de tres carriles que nos condujo hasta Londres.
Aparcamos en una zona residencial, Acton Town, retirada del centro pero con estación de metro muy cercana. Sacamos billetes de viajes ilimitados durante un día, gran acierto en nuestra aventura, y para el centro de Londres que nos dirigimos.
Tras un trasbordo en Tower Hill, nos encaminamos hacia Greenwich, sí, donde se encuentra el meridiano de su mismo nombre. Desde su observatorio hay una buena vista del este de la ciudad. Un trocito de línea de libre acceso nos permitió fotografiarnos con tan famoso elemento.
Cerca del observatorio se encuentra el barco Cutty Sark, el barco que da nombre al famoso whisky.
La siguiente parada en nuestra ruta, siempre tomando el metro, fue London Tower y London Bridge. De hecho, pudimos contemplar como el puente se elevaba para dejar pasar a un barco de vela, espectáculo único e increíble.
Nuestro camino londinense nos llevó a la Abadía de Westminster, edificio inmenso y muy importante. Enfrente del mismo, se encuentra una plaza llena de estatuas enormes de personajes de gran renombre como Nelson Mandela o Churchill.
Para aprovechar la claridad y a pesar de ser la hora de comer (española), nos encaminamos hacia Buckingham Palace. Como bien indicaba la bandera la reina se encontraba allí pero no tuvo la gentileza de invitarnos a comer. Paseamos por el encantador paseo real.
Visto ya lo importante de Londres, decidimos coger nuestro ya amigo metro y dirigirnos a la famosa Piccadilly Circus con su luminoso anuncio. Lo que más nos sorprendió fue la cantidad de gente que se movía por esa zona y la bonita decoración navideña. Todo ello indicaba que nos encontrábamos en la zona de las tiendas y fue ahí cuando de repente casi chocamos con la tienda de M&M's. La tienda es colorida y llena no solo de chocolates sino también de artículos de merchandising varios.
Tras varias paradas de metro, observamos el segundo templo más grande del mundo: St's Paul Cathedral. Fotos ya hechas, volvimos al metro y nuestro próximo destino no era otro que King Cross y el anden 9 3/4. Por mucho que empujamos el carrito, no llegamos a Hogwarts.
Y a otro fenómeno literario nos movimos: Sherlock Holmes. El 221b de Baker Street se encuentra emplazado en medio de edificios modernos, mantenido como museo.
Metro y risas fueron nuestros guías hasta Nothing Hill. La hora no nos permitió ver el mercadillo de Portobello Road. Tampoco encontramos la puerta de la famosa película protagonizada por Hugh Grant (ni al actor).
Nuestro último destino fue un dulce paseo nocturno por la rivera del Tamesis desde la parada del metro de Temple hasta el Big Ben. A pesar del frío y de algún que otro ''penalti'' que sufrió alguno de nosotros, el paseo mereció la pena solo por ver el ayuntamiento, London Eye y Big Ben iluminados. Últimas fotos de esta zona juntos, un beso de despedida al Big Ben y volvimos a coger el metro por última vez dirección a nuestro coche.
Llegada a casa en torno a las 1 de la mañana. Cena de pizza entre los cuatro recordando los múltiples «Mind the gap» y las últimas risas juntos fue el punto final a nuestro intenso día londinense.
Prometemos volver Londres.
Hermanos Roldán.
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