Después de unos días intensos por tierras británicas, toca el fin de nuestro viaje.
Tras levantarnos, desayunar y asearnos, pasamos a la recogida de equipaje y ordenación del cuarto de nuestra anfitriona. Procuramos dejarle el cuarto tal y como estaba cuando llegamos antes de dejar la casa.
Cargamos el coche con las maletas, un último vistazo atrás al recuerdo de estos días, y partimos del campamento base.
La única parada en esta jornada, antes de llegar al aeropuerto, es de nuevo la universidad de Bath, para comprar algún recuerdo y poder contemplar su espléndido lago con sus hambrientos patos.
Comemos algo en la propia universidad, nos despedimos de los compañeros de casa de Paula y llega el momento más duro: la despedida de Paula. Deseos de salud y felicidad se intercalan con largos y emotivos abrazos.
Tomamos por última vez la pésima carretera que une Bath con Bristol y llegamos al aeropuerto. Dejamos el coche, un gran acierto en una aventura así, y nos disponemos a tomar el vuelo de regreso a casa.
Tras dos horas y cuarto de viaje, donde la visualización de instantáneas fotográficas fue la nota predominante, pisamos tierras malagueñas.
Una rápida despedida entre los dos expedicionarios, Pepe y servidor que escribe, da pie a la vuelta a nuestro quehaceres.
Un saludo a tod@s y gracias por habernos seguido. Hasta pronto.
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