Nos levantamos más o menos temprano, ya que el día anterior terminamos muy tarde, y comienza la rutina diaria de desayuno y ducha para prepararnos para un nuevo día.
Salimos de Bath dirección Cardiff, nueva parada de la ruta, la autopista que nos condujo hasta allí pasaba por encima del Bristol Channel. Para pasar por encima de esta bella entrada de mar, atravesamos el Second Severn Bridge, puente impresionante y que su paso nos costó 6 libras esterlinas. Nada más ver el cartel de bienvenida a Gales, todos y cada uno de las señales que había en la carretera y por la calle, estaban tanto en inglés como en gales.
Aparcamos el coche y para llegar al centro, atravesamos el complejo universitario, con sus respectivos carteles tanto en inglés como en galés. Desembocamos en una de las plazas de la ciudad en la cual se encontraba montada una feria de navidad con sus atracciones. En este mismo lugar, se hallaba el ayuntamiento de Cardiff y el palacio de justicia y desde este punto también veíamos el castillo de Cardiff y esta fue nuestra segunda parada. Fue en este momento cuando la lluvia decidió hacer acto de presencia y no abandonarnos en toda la jornada.
El castillo de Gales se emplaza dentro de un parque atravesado por un riachuelo transparente. Tuvimos un encuentro con una graciosa ardilla que casi se viene con nosotros de manos de Pepe y Carlos. Proseguimos nuestro paseo y nuestros pasos nos encaminaron hacia el estadio Millenium, campo tanto de rugby como de fútbol.
Rodeamos el castillo por The Animal Wall que no es ni más ni menos que el muro que rodea el castillo que como peculiaridad presenta figuras de animales a lo largo de su recorrido.
Desde allí nos dirigimos hacía el centro peatonal de la ciudad. Calles adornadas de navidad y llenas de puestos de comida nos sorprendían al pasar. En la oficina de información nos dieron un plano de la ciudad y poco más, ya que el servicio fue bastante escaso. Paseamos por la arteria principal del centro donde se encuentran edificios como la biblioteca, muy moderna, o un gigantesco centro comercial, donde uno puede encontrar todo lo que imagina... y más.
Paramos a comer, entramos a comprar algún recuerdo, y nos dirigimos a ver la puerta principal del Millenium Stadium. Entre la lluvia constante y la escasa iluminación del campo, volvimos de forma rápida a la plaza del ayuntamiento, desde donde tomamos el camino de regreso al coche.
Tras meditarlo, acordamos que nuestra siguiente parada sería Bristol, la ciudad inglesa más importante de esta zona del país.
Tras dar varías vueltas por el entramado de sus calles, conseguimos dejar el coche y pudimos dirigirnos al centro de la ciudad. Entre que era domingo, que era de noche y que el tiempo era lluvioso, aunque de poca intensidad, la ciudad estaba muerta. Ni siquiera los puestecillos navideños estaban abiertos. Decidimos ir directamente a ver lo más característico de la ciudad, su catedral. Para llegar a ella pasamos por la iglesia St. Peter y por el río Avon, y subimos su calle algo empinada para acceder a ella. Imponente y preciosa, nos deleitamos contemplándola y haciéndole fotos.
Vuelta al coche, y retorno al hogar. Probamos el cottage pie, producto típico inglés, al que costó cogerle el punto de calentamiento en el microondas. Recuerdos, risas, y cama para descansar.
Un saludo a tod@s.
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